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Amy Beach

 

Entre los grandes compositores americanos surge una figura prodigiosa, de talento virtuosístico y con capacidades sinestésicas, se trata de Amy Beach nacida en New Hampshire en 1867. Amy fue la primera compositora que triunfó recibiendo una educación musical fuera de Europa, con un talento arrollador desde muy temprana edad. Amy tenía oído absoluto y sinestesia, donde asociaba los sonidos musicales con colores, permitiéndole tocar de oído y desarrollar más rápidamente su talento musical. Recibió las primeras lecciones de piano de su madre a los 6 años, pero pronto, comenzó a tocar obras de Beethoven, Händel y Chopin, ofreciendo recitales públicos.

Amy fue en parte, autodidacta, llegando a traducir los tratados musicales de Berlioz y Gevaert al inglés. Tras su matrimonio llegó a un acuerdo con su esposo, no podría dar ni recibir clases de piano o composición, y podría realizar únicamente dos recitales al año. La sociedad de la época veía con malos ojos que las mujeres realizaran este tipo de actuaciones, y, aunque nos pueda parecer algo descabellado, Amy recordó su matrimonio en 1942 como una época feliz para ambos. Aunque, la verdadera carrera de Amy como compositora e intérprete de éxito comenzó tras la muerte de su marido en 1910, su fama y primeras obras tuvieron un gran impacto entre el público estadounidense.

La obra analizada se trata de uno de los cuatro Sketches escritos para piano en 1892. En ella se observa la influencia de la literatura en la obra de Beach, con dos movimientos sobre textos de Victor Hugo y dos sobre Alphonse de Lamartine, como es el caso. Esta obra dividida en tres partes y una coda o final es una danza en modo menor, que incide en la nostalgia del otoño. El poeta piensa en el final de su vida, un momento suspendido en el que se acerca la muerte, los últimos días bellos antes de la llegada del invierno.

Colección

 

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