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Lili Boulanger

 

Llegamos al final de este recorrido, y nos encontramos ante una vida breve, de apenas 24 años, pero, que dejó tras de sí obras de gran belleza y complejidad. Hablamos de Lili Boulanger, hermana de la también compositora Nadia Boulanger. Lili nació en París en 1893, recibiendo las primeras clases de un amigo de la familia, el compositor Gabriel Fauré, a quien Lili tenía impresionado con sus dotes. Sus primeras clases de armonía y composición fueron a los 6 años junto con su hermana Nadia, e ingresó en el Conservatorio de París en 1912. Ese mismo año, se convertiría en la primera mujer en ganar el Premio de Roma, consiguiendo un contrato con la editorial Ricordi, quien contaba con los derechos de publicación de otros compositores tan destacados como Verdi o Puccini.

Pasó los últimos años de su vida entre París, a donde tuvo que volver con el estallido de la Guerra, y Roma, donde residía gracias al premio. En 1916 le comunicaron que solo le restaban 2 años de vida, ahora sabemos que padeció la enfermedad de Crohn. Lili se apresuró entonces a finalizar las piezas más relevantes que estaba componiendo, aunque, la muerte le llegó de manera inevitable en 1918.

La pieza que les mostramos es de su época de estudiante, de 1911, escrita entre el 24 y el 25 de septiembre tal y como ella relata. Originalmente, esta pieza se escribió para flauta y piano pero, fue publicada para violín y piano por Ricordi. Se trata de una obra de estilo libre con múltiples alusiones impresionistas y ciertos tintes retóricos. En ella hace un uso libre de la disonancia, con acordes de cuartas y una música basada en el color, sin tener en cuenta una lógica armónica. Al igual que Mel Bonis, utiliza motivos de otros compositores, quizás a modo de homenaje o, quizás a modo de juego. En este caso, une dos pensamientos tan contrarios como el de Richard Wagner y el de Claude Debussy, incluyendo la música de Tristán e Isolda del compositor alemán y el Preludio a la siesta de un fauno del autor francés. El final de esta pieza puede servirnos quizás como paradoja de la vida de Lili, ya que la música desaparece lentamente, adentrándose de forma irremediable en el silencio.

Colección

 

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