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Sor Juana Inés

 

“¿A mí, señora, conciertos, cuando yo en toda mi vida no he hecho cosa que merezca sonarme bien a mí misma? […] Quebrándome la cabeza sobre como son las cismas, si son cabales las comas, en que el tono se divida y en fin, andar recogiendo las inmensas baratijas de calderones, guiones, claves, reglas, puntos, cifras, pide otra capacidad mucho mayor que la mía, que aspira en las Catedrales a gobernar las Capillas”. Con estas palabras sor Juana Inés de la Cruz respondía a la Condesa de Paredes, su benefactora, su petición de que la monja realizara un tratado de música.

Sor Juana había nacido en México en 1648 en el seno de una familia acomodada, pasó su niñez en la hacienda de su abuela, donde aprendió a leer y a escribir a los tres años. Llegaría incluso a formar parte de la corte, pero, acabaría ingresando en un convento ya que no quería ser dominada por un hombre, tal y como ella misma escribió: “Aunque conocía que tenía el estado cosas […] muchas repugnantes a mi genio, con todo, para la total negación que tenía al matrimonio, era lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir en materia de la seguridad que deseaba de mi salvación.”

Nos encontramos ante la única pieza atribuida a sor Juana, se trata de una pieza para coro estructurada en dos partes, seguramente para tres voces y acompañamiento y escrita para el Convento de San Felipe Neri de Puebla. Está dedicada a Santa Teresa, quien junto con San Felipe Neri, fue una de las grandes reformadoras de la religión. Existen ciertas similitudes entre las vidas de Santa Teresa y sor Juana: ambas entran sin éxito en una orden para acabar en otra diferente, ambas son perseguidas, Teresa por la Inquisición y sor Juana por su condición de mujer intelectual; y, ambas se vuelcan en su faceta literaria.

El texto nos remarca las virtudes de la Santa y un breve recorrido biográfico, incidiendo en la reforma del Carmelo, en su condición de monja, su beatificación y la adoración por parte de sus hijas, las monjas. En el ámbito musical, es curioso que se utiliza el si bemol, un símbolo del plano terrenal para sor Juana, recordando que la Santa conservaba su condición terrenal. Utiliza también algunas figuras retóricas, como la catábasis, un descenso relacionado con la humillación y que aparece en frases como “la madre de tantas hijas y madre de tantos padres”. La segunda parte de la obra cambia a un compás perfecto, relacionado con la beatificación de la Santa y su ascenso al cielo, con figuras como la Anábasis y la auxesis, ambas de tipo ascendente y buscando un clímax musical.

Colección

 

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